“Flávio”
Me quedé un rato en la puerta de la cocina viendo a mi pequeña cantar y bailar. Estaba tan distraída que no se dio cuenta de mi presencia. Sentí el corazón latir con fuerza; era perfecta para mí.
“¿Viste el pajarito verde, Chiquita?”, bromeé, y ella se sobresaltó.
“¡Grandote, qué susto!” Se llevó la mano al pecho, pero luego sonrió. “Vi un pajarito, pero no era verde”.
“Chiquita, qué graciosa eres”. La abracé y la levanté para besarla. Me rodeó la cintura con las piernas, sorprendiéndo