"Samantha"
Me ponía cada vez más nerviosa. A medida que el coche avanzaba hacia mi destino, me sentía más impotente, asustada y ansiosa. El taxista, un caballero muy amable, me observaba por el retrovisor, sin apartar la vista del tráfico, y conducía despacio, sin prisas, quizá por su edad, con cuidado de no causar un accidente.
Sonó mi teléfono y busqué en mi bolso. Era Enzo. No podía contestarle ahora, no podría. Pero él insistió. Siempre insistía, y yo siempre contestaba. Lo pensé, y si no c