Al día siguiente nos despertamos con el delicioso aroma a café. Lygia ya nos había puesto una mesa preciosa. Dormimos todos tumbados en los colchones de la sala; había sido muy divertido pasar ese rato entre mujeres.
Pedrinho llegó corriendo y se interpuso entre nosotros, riendo y charlando con todas las chicas, que querían cogerlo en brazos y mimarlo. Nos levantamos y vimos la fila para el baño, un montón de charlas y bromas, como un grupo de adolescentes, lo cual fue muy divertido. Después de