Cuando llegamos a casa, Pedro buscó una caja de bloques de construcción en su habitación y los extendió sobre la alfombra de la sala. Alessandro se sentó con él y pasaron la tarde jugando y viendo dibujos animados en la televisión.
Después de cenar, Pedro estaba exhausto. Durmió en el regazo de su padre, quien insistió en acostarlo. Al regresar a la sala, Alessandro me abrazó en el sofá.
-Mi ángel, necesitamos hablar. – suspiró Alessandro. – Hay tantas cosas que quiero saber. Pero también tengo