No tardó mucho en entrar Lygia, tirando de la mano de Pedro. Cuando vio a Alessandro se soltó y salió corriendo.
-¡Alessandooooo! – Pedro extendió los brazos y Alessandro se agachó y lo recogió.
- Pedro. Mi niño. – Alessandro lloraba, abrumado por la emoción al tener a su hijo en sus brazos. Miré a mi alrededor y todos estaban llorando, incluido yo.
-Alessando, me aburrí. Ya no jugaste conmigo – se quejó Pedro.
- Oh, muchacho, yo también te extraño. – dijo Alessandro mientras se abrazaban fuert