JAZMÍN
—Hum—lo empujé—, estás siendo demasiado meloso, quítate—le presioné la cara con mi mano.
Se echó a reír con ganas.
—Oye, déjame amarte—me meció—, ¿Por qué no me dejas hacerlo? —Ha este punto quizá los dos ya estábamos borrachos.
—Los sentimientos son muy volátiles—contesté, aferrándome aún más, sentía que se tambaleaba—. Hoy puedes amarme y mañana odiarme.
De nuevo se echó a reír, se tambaleó hacia atrás y caímos sobre el sofá, aunque yo encima de él.
—Hay, bruto.
Se seguía riendo y yo n