29. Dicen muchas cosas.
El aire no vuelve a acomodarse después de que la puerta de la oficina se cierra detrás de Adrián y Valeria, como si ese simple gesto hubiera dejado algo suspendido en todo el piso, una tensión que nadie nombra en voz alta pero que se filtra en cada mirada, en cada susurro que intenta disimularse sin lograrlo del todo, y mientras me quedo en mi escritorio con los documentos abiertos frente a mí, siento que el trabajo deja de ser el centro, porque ahora lo que pesa es otra cosa, algo que se insta