191. Negué lentamente.
El sobre era pequeño.
Tan pequeño que cabía perfectamente en la palma de mi mano.
Permanecimos inmóviles durante unos segundos.
No porque creyéramos que había aparecido por arte de magia.
Sino porque ambos estábamos convencidos de que la mesa había estado completamente despejada cuando entramos en la cabaña.
Adrián dio un paso hacia adelante.
—¿Vos lo habías visto?
Negué lentamente.
—No.
Él tampoco apartaba la vista del sobre.
—Yo tampoco.
Durante unos instantes ninguno se movió.
La tensión vol