Sara abrió sus piernas y pasó sus manos a lo largo de su cuerpo, deslizó sus dedos por sus senos tocando con suavidad sus pezones, ante la atenta mirada del hombre frente a ella a través del enorme ventanal.
Cuando finalmente se detuvo en su vientre la mirada de Damián se oscureció, él apretó su falo y gruñó.
Verla allí con sus piernas abiertas, con sus dedos rozando sus labios vaginales era extremadamente excitante.
Con su mirada supuestamente tan inocente y tan pecadora al mismo tiempo.