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Era imposible fingir que no los había visto. Ainhoa, la chica que me había llamado, batía la mano frente a ella a modo de saludo y varios pares de ojos estaban centrados sobre mi persona. O, mejor dicho, sobra mi acompañante.

Jan tensó su agarre y sentí que tiraba ligeramente de mí.

―Son de la uni. ―Hice una mueca, un tanto forzada, y se colocó justo detrás de mí, sin liberar mi mano de la suya. Caminé hacia ellos, sintiendo su presencia a mi espalda.

Cuando me paré junto a las mesas que estaba
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