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Llegamos al local sin incidencias. En el coche hablamos de nuestros gustos musicales y la verdad es que cada vez me sentía más cómoda con Valentín, como si de alguna forma hubiera encontrado su espacio en mi vida. Bajamos del coche y Hang nos miró desde la entrada, arrugando la nariz.

—Yo también noto la peste a chucho, si te sirve —le soltó Valentín a modo de saludo con un destello de diversión en la mirada.

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