Capítulo 14

—Oye, no te duermas —escucho como una dulce voz masculina me llama, pero por más que lo intento no puedo abrir los ojos. Percibo el cálido tacto de una caricia sobre mi mejilla derecha— ¡SETH, VEN AQUÍ!

“No, que no se acerque”.

No puedo permitir que vea así, ni siquiera tuve tiempo de cambiar a mi forma humana. Estoy segura de que la manada no apreciará para nada saber que soy un puto monstruo, sobre todo mi preciado ojiazules; sí, ya estoy resignada a aceptar que me

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