Quitarle el queso a una rata siempre ayudaba a mejorar el ánimo, pero este caso no me dejaba satisfecho, porque aún contenía la amargura de lo que estábamos pasando, de lo que sufríamos. Si nuestra bebé no estuviera luchando contra su vida, sin poder tocarla, sin escucharla… La escena que acabábamos de presenciar sería majestuosa.
Una vez que todo pasó, salimos al jardín, el aire fresco golpeándonos la cara. Las hojas secas crujían bajo el peso de las ruedas. Mis manos empujaban con suavidad, g