Podía escuchar la respiración entrecortada del hombre mezclada con la mía. Ambos agitados por el esfuerzo, los pulmones ardiendo, el peso en las piernas. Pero yo era diferente, porque tenía un peso extra. El peso de una vida que depende únicamente de mí. Me obligué a mí misma a voltear, con el cuchillo presionado con fuerza, ocultándolo detrás de mí. El arma blanca no me cortaba, pero podía sentir su filo.
Lo tendría que usar… Tendría que ser mi vida o la suya, porque si volvía con Edmundo, te