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—¡Eres un animal!
Gritó, mordiendo su labio inferior.
—¿Quieres saber cómo se comporta los animales? —Silencio—, ¡Te voy a enseñar cómo se comportan realmente los animales como yo!
La espalda de la religiosa golpeó bruscamente el espaldar del asiento de cuero, una vez la enorme mano del mafioso recorrió sus piernas desnudas. La bata interior que cubría su desnudez, fue reemplazada por las caricias sin ningún tipo de vergüenza que aquel hombre ejercía sobre ella.
—¿Qué cree que está haciendo,