13
—¿Lo viste?
Preguntó, Damiano.
Jane se bajó el hábito con cuidado para cubrir sus piernas.
—¿Qué cosa?
—De verdad soy un animal…
Las pestañas de la religiosa se sacudieron violentamente al comprender lo que realmente había sucedido. Su pureza abandonó su cuerpo desde hacía mucho tiempo, y esto le molestaba; sus manos se cruzaron a la altura de su pecho, sus ojos se cerraron quizás tratando de conectar con su creador, y de este modo pedirle misericordia, una misericordia que por supuesto jamá