Jeray se dirigió a la parte del bar de su oficina y se sirvió una copa de whisky mientras oía salir a Avery en completo silencio y las inconfundibles voces de sus amigos al saludarla. Se lo bebió de un solo golpe y se sirvió dos más para mermar el fuego que lo estaba enloqueciendo.
En cuestión de segundos había olvidado la reunión, y si no fuese nada importante, la había pospuesto para poder perderse en su ángel con el mayor de los gustos, como tanto le gustaba hacerlo.
Las alertas en su cabeza