Jeray no soltó a Avery siquiera cuando llegaron al estacionamiento.
—Señor —el guardaespaldas se bajó del auto a prisas.
—Ve a casa, yo me encargo de llevar a Avery al apartamento —le indicó a Christian y el hombre se despidió con un asentamiento de cabeza.
Jeray apoyó la mano en la espalda baja de ella y la sintió vibrar bajo su toque, por lo que se vio sonriendo mientras la ayudaba a subir a su auto. Aunque se sentía de mal humor, provocar esas reacciones en ella en un toque tan superficial h