Irene
Camilo manejaba y yo iba en el asiento de copiloto, Doménico iba echado atrás dormido, él manejaba el auto de Doménico y Ada el suyo para regresarse, apreté mi bolso fuerte contra mí, Máximo no dejaba de llamarme y mandarme mensajes. Suspiré y cerré los ojos.
—¿Qué pasó? —preguntó Camilo.
—Está borracho —dije, alcé los hombros.
—¿Se puso violento? ¿Contigo? ¿Se había puesto así antes?
—No, nunca, primera vez.
—Lo vamos a dejar en su apartamento y tú te vas a quedar con nosotros—dijo.
—No,