Deva
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Se alejó a lo largo de su enorme salón, sin apartar su mirada de la mía, se detuvo y retorció sus labios con una sonrisa irresistiblemente pícara.
Comenzó a desnudarse, muy pero que muy lentamente y por momentos apartaba su vista de mi para observarse a sí misma, a su maravilloso cuerpo (cualquiera de las mujeres que conozco matarían por estar en mi lugar), Empezó con la camiseta, que se retiró con tanta suavidad, que parecía que la tela acariciaba su piel. De este modo, no pude resi