Havanna
.
.
.
Tu mano dejó mi muslo y se posó delicadamente en uno de mis pechos, y sin dejar de besarnos, me lo masajeaste con suavidad. Me desabrochaste un botón del vestido y metiste tu mano dentro, acariciándome los senos por encima del sujetador, jugando con mis pezones a través de la tela negra.
Dejaste mi boca y pasaste a besar mi cuello, mientras suspiraba y una de mis manos, sin poderla controlar te acariciaba la entrepierna, notando la dureza que escondías y que estaba deseando libera