Los dedos de su mano libre ya se habían colado dentro de mi vagina sobando mi clítoris, simplemente sus dedos debían ser igual de gruesos que un marcador o una salchicha, me sentó en el sillón y se desabrocho el pantalón dejando libre una monstruosidad, estaba tan duro y tan grande, yo lo miraba con cierto terror pues nunca había estado con algo así. Si bien ya había tenido sexo con varias personas con penes grandes no era nada como esto.
Me miro y solo una risa discreta, lo mire a los ojos el