— Ha tenido un episodio de debilidad y se ha desmayado. Los médicos todavía le están haciendo pruebas, pero creen que puede ser algo relacionado con la presión arterial —dijo Ayla, intentando tranquilizarme—. Voy a cuidarla personalmente, no te preocupes. Cualquier cambio, te aviso enseguida.
— Te lo agradezco muchísimo, Ayla —respondí, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a arderme en los ojos—. Por favor, mantenme informada de cualquier mínima cosa. Si pasa algo más, voy allí inmediatamente.