Luca sintió una punzada de odio al ver con sus propios ojos a Raphael, ese bastardo infeliz que mantenía a su mujer en sus malditas garras, pero pronto eso iba a cambiar. Lo observó cómo se acercaba a Mireya, ella lo recibía feliz con un beso.
Todo había salido según su plan, aunque tuviera que pasar un puto mes para que Mireya lo llevara con él, ahora solo faltaba dar con su hija, la maldita de Helen no había dado señales de vida, y no sabía dónde podría estar con Esmeralda
—Mantengan los ojo