En medio de esa oscuridad, el tiempo se le hace eterno. No sabe cuánto ha pasado desde que Raphael los encerró en ese lugar. Su estómago le ruge de hambre, pero lo que más le duele a Luca es el costado, donde cada vez que respira puede sentir como una daga atravesara su pulmón.
No lejos de él puede escuchar el sollozo de dolor de Anastasia. La herida de su pierna cada vez se pone peor, escucha su respiración entrecortada, al tocar los dedos de su mano, siente el calor que emana de su cuerpo.
L