Cap:40. Sentirse libre.
Después de haber tomado su lugar en una de las tantas mesas, Daniel hizo el pedido para los dos. Aún se encontraba de mal humor, ya que los hombres seguían mirando a su mujer sin contenerse, ‘¡esos bastardos!, ¡voy a destruirlos!’ gritaba refunfuñando en su interior.
Sin poder contenerse más, tomó su móvil haciendo una llamada y dando una orden simple al ser atendida en el instante. –Anota sus nombres—ordenó fríamente antes de colgar. Tanta era su gelidez que los presentes sintieron una repenti