—¡Callate Mey, cállate, me estás poniendo en una situación muy incómoda!
La chica se retorcía en la silla, con sus manos en su parte intima, no podía más debía sacar el calor que sentía. —aaah —volvió a gemir y su hermano al verla, no pudo más y aceleró por todo el camino.
—Señor Martín, confiaré en ti, más vale que no le hagas daño, te necesita ahora, los llevaré cerca al muelle.
Al llegar al muelle los tres hombres bajaron del auto.
—¿Quieres que lo haga dentro del auto con ustedes mirán