"Aún no sé qué nombre darle a lo que siento, pero sé que mi corazón reacciona cada vez que me miras."
El sonido de la puerta cerrándose con fuerza retumba en mis oídos. Unos matones nos rodean, sus sombras proyectándose sobre nosotros bajo la tenue luz del almacén abandonado. El aire huele a óxido, a sudor y peligro.
El hombre que nos atrajo aquí —el dueño del camión— se agacha frente a nosotros con una sonrisa burlona mientras uno de sus secuaces termina de atarnos las manos con gruesas cuerda