El sonido del latido de su corazón resonaba fuertemente en los oídos de Zack.
Por un momento, eso fue todo lo que pudo escuchar a la par de la risa despiadada de Ibiza.
—¿Zack? —El tono preocupado de Moira lo hizo pestañear aturdido, finalmente volviendo a sus cabales.
No. No podía dejar las cosas así.
Rápidamente se llevó dos dedos a la barbilla y comenzó a pensar frenéticamente.
¿Cómo librarse de esta situación vivo sin poner a su hija en peligro?
Por mucho que odiara admitirlo, Ibiza estaba