Yelena
—¿Qué desean?— Mildred miró a Izan desconfiada —.¿Yelena? —cuando fijó su vista en mí una gran sonrisa iluminó su cara.Los nervios de estar en esta manada habían hecho que ocultara mi olor desde que puse un pie aquí por eso no me había reconocido.
—¡Mildred! —salí corriendo y me abracé a ella.
—Yelena, mi niña.¡Por la Diosa!.¡Estás bien! —se separó de mí y me dio una vuelta inspreccionándome de arriba a abajo —.¿De verdad estás bien?.
—Sí, estoy bien —volvió a abrazarme y al separars