HOMBRE 2. Capítulo 36.
Entraron en una terraza privada ubicada en un lateral de la casa. El cielo que podía divisarse a través del cristal del techo estaba por completo tintado de añil, sin nubes ni nada que manchara su imagen perfecta.
Borya se llegó hasta la puerta acristalada y repasó un instante las viñas con atención, como si buscara algún intruso escondido entre ellas.
Aunque sabía que la seguridad de aquel lugar era máxima, no dejaba de sentir inquietud.
Él sabía que los demonios superiores podían encontrar mé