HOMBRE 3. Capítulo 42.
Nuevos chillidos infernales comenzaron a resonar y largos dedos de garras demoniacas aparecían por las rendijas que se abrían en la piedra como buscando una salida.
La bruja miró a la abertura ubicada en la parte superior de la montaña percatándose que los dragones se posaban en el borde, y rompían la piedra para agrandarla y poder entrar. Si lo lograban, su ímpetu terminaría de fracturar la roca y liberar el infierno.
Se levantó y corrió hasta donde se hallaban las hermanas Golubev.
—¡Necesito