Un día...
El viento golpeaba su rostro con aquel toque helado que lo caracterizaba; era muy temprano y la mayoría de gente aún no salían de sus camas; por ello era el momento adecuado para correr y pensar. El frío suele hacer todo más complicado, pero al estar acostumbrado, todo es más sencillo.
Después de algunos minutos, las piernas comenzaban a pesarle, sentía el cansancio creciendo dentro de sí; la boca se le secó y la fuerza comenzaba a abandonar su atlético cuerpo; debía parar a hidratarse, así que