Era como si el toque de un hombre prendiera los motores y mis tetas se prepararan para alimentarlo, así que, aun si descargaba mi dulce néctar blanquecino antes de que llegara Lucas, si se me acercaba o, ¡el diablo no lo quisiera!, me excitaba con su presencia o su toque, terminaría lactando de cualquier manera.
Resoplé y me senté en el sofá.
Hice una lista para saber si lo tenía todo. La comida estaba en el horno, las galletas emplatadas y cubiertas por una suave manta para que la casa oliese