Se bajó al estar frente al hotel donde él la esperaba, en una de las habitaciones más suntuosas que tenía el edificio elegante de quince pisos de alto.
Le dejó las llaves del coche al valet parking. El chico de unos dieciocho años la repasó y se relamió al observar sus ojos de gatita dulce, con esa mirada que le regaló, junto con una sonrisa angelical que hizo que el cuerpo del chico protestara cuando su aroma dulce y afrutado le colmó las fosas nasales.
Llevaba viéndola desde hace algunas sema