Capítulo 32. Un grave error.

La noche en la Colonia Tovar se había vuelto melancólica y oscura. No se divisaba la luna y muy pocas estrellas se asomaban con timidez entre las nubes.

No llovía, solo un viento frío golpeaba los cristales de las ventanas y mecía los altos árboles en una suave danza que atrapaba la atención de Jimena.

No sabía cuánto tiempo había pasado junto a la ventana, con la mirada fija en el oscuro paisaje. Se alejó cuando comenzaron a dolerle las piernas por haber estado tanto tiempo parada.

Caminó por
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