Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn medio un paraje montañoso y cerca un pueblo ambiente colonial, Jimena Luna será abandonada por su familia. Atravesará grandes dificultades para recuperar una propiedad que ellos le exigen. Luego de entregarla, quedará completamente sola. Para escapar de su dura realidad, David León solía poner en riesgo su vida con la práctica de deportes extremos, hasta que su mejor amigo decide suicidarse frente a él. Se alejó de su mundo conocido para superar la pérdida, pero ahora le exigen regresar y asumir sus responsabilidades, unas que están marcadas por la muerte. Ambos son producto de amores prohibidos, sus existencias están condicionadas por el rechazo y la manipulación. Están dispuestos a cambiar su realidad, pero antes deberán luchar por un amor que nadie aceptará y buscarán separarlo.
Ler maisLlegado el once de noviembre, la Colonia Tovar se volvió un hervidero de turistas. Ese día se celebraba la fiesta patronal del pueblo en honor a San Martín de Tours, el Santo viajó con los colonos desde Endingen hasta Venezuela en 1843.Aquellas fiestas se convirtieron en Patrimonio Cultural Inmaterial del municipio Tovar en la actualidad y resultan el clímax del turismo en la zona.La gran cantidad de personas que viajan del todo el país, incluso, del exterior, para estar presentes en esa celebración, se convierten en el motor de la economía. Por eso todos los habitantes colaboran para que se realicen con toda la dedicación posible, ya que muchos dependen de su éxito.Desde días antes se desarrollaban actividades culturales, gastronómicas y religiosas en la zona, lo que atraía una inmensa cantidad de visitantes. Era imposible recorrer el pueblo en auto, los turistas dejaban sus vehículos resguardados en estacionamientos dispuestos para ello en la entrada de la región y caminaban a pi
Tres meses después de la muerte de Leonel Acosta, David aún permanecía en el país. Se ocupaba del desempeño de los terrenos que había heredado en la Colonia Tovar y que, junto con su relación con Jimena, representaban su motivo para no dejarse amilanar por las adversidades y seguir adelante.La pelea por la enorme fortuna que le había dejado su padre lo consumía. Por eso él solía refugiarse en la Colonia, en ese paraje oculto entre montañas, así disfrutaba de sus dos grandes pasiones: la mujer que se había convertido en el amor de su vida y el contacto con la naturaleza.Ambos se pasaban la mayor cantidad de tiempo en esa región, vivían juntos en aquel pedacito de Alemania asentado en el Caribe, un lugar de ensueño, donde era fácil imaginar que al cruzar sus límites se traspasaba el tiempo cayendo en una realidad paralela de la que nunca deseaban salir.Compró una cabaña propia, cerca de los terrenos más grandes que trabajaba. Allí construían sus sueños y superaban las dificultades.E
David tuvo que soportar por varios minutos, con rabia y frustración, una desagradable conversación con los socios y abogados de Leonel Acosta en relación a la extensa herencia que el hombre estaba por dejar.Su hermano Danilo se mantuvo en todo momento a su lado. Se había autoproclamado protector de sus intereses. Federica Castillo también estuvo presente, seguía con seriedad e interés la discusión.Amanda la acompañaba, pretendía servirle de apoyo a su tía, aunque aprovechó la ocasión para lanzarle a David miradas llenas de reproches y acusaciones, lo que hizo que él se sintiera aún más incómodo.Cuando al fin logró que le permitieran el paso a la terapia intensiva, el que caminaba por el largo y aséptico pasillo era un hombre destruido, enojado con la hipócrita realidad que lo rodeaba.A todas aquellas personas lo único que le importaba era determinar la justa repartición de los bienes del moribundo, incluso, antes de que este muriera. Así, si era precisa su firma para algún documen
—¿Qué haces aquí? —preguntó irritado y tomó las botellas para revisar su contenido.Ella se irguió y se cruzó de brazos. Dirigió una mirada severa hacia él.—¿Qué le hiciste a Leonel Acosta?El hombre bufó y se levantó de la silla para caminar tambaleante hacia una pequeña mesa ubicada en un costado, que servía de bar, y donde se hallaban diversos tipos de licores.Rodrigo los evaluó señalándolos con el dedo índice, hasta que encontró uno de su agrado.Sonrió con satisfacción mientras regresaba a la mesa con una botella de vodka. Tomó el vaso derribado y lo sacudió para quitarle los restos de coñac, finalmente se sentó con cansancio para servirse la bebida.—No hice nada —respondió con voz embriagada.—Leonel está mal, lo tienen hospitalizado en una clínica y dicen que fue por tu culpa.Rodrigo emitió una risa ahogada.—¿Mi culpa? Ese imbécil estaba mal cuando fui anoche a verlo. ¡Se está muriendo, ¿lo sabías?!Jimena se enfadó por la expresión divertida que asumió su padre mientras c










Último capítulo