Se acercó, pero antes de que pudiera hablar, papá lo agarró por el pantalón.
—Carlos, eso son viles patrañas, falsedades. Esa cosa no puede ser mi hija.
En sus ojos había un rayo de esperanza, como el de un padre preocupado por su hija.
Pero Carlos lo apartó de una patada y sacó unas esposas para colocárselas.
—Señor Martínez, el antiguo mayordomo de su familia vino a la comisaría a denunciarlo por asesinato y ocultación de las evidencias.
Carlos levantó su celular y dijo:
—Lamentablemente, esta