—A pesar de que te echaron y te hicieron sentir mal, aún continúas preocupándote por ellos —dijo, su tono era neutral, pero en sus ojos había una chispa de comprensión.
Me giré para mirarlo, viendo un destello de compasión en su rostro, que contrastaba con su fachada de villano frío y distante.
—Son la única familia que he conocido. Crecí en ese lugar, hice amigos que, claro, hoy ya no lo son, pero también tuve buenos momentos. Aprendí a bailar, como las llamas de ese fuego —dije, señalando la