Korvoz cerró los ojos mientras las emociones recorrían su cuerpo. Su mujer, su hermosa y delicada compañera no lloraba por ella, lloraba por él. La amaba como ni siquiera podía imaginar, había pasado más de cuatrocientos años anhelando tenerla a su lado.
Experimentó y vivió muchas cosas violentas, y al tenerla con él, sentía una paz que nunca había imaginado. Emi era su tesoro y no debía dejarla sufrir. Por eso, perder de nuevo el control, quedaba totalmente prohibido.
—Sé que te preocupa