Furia helada acompañaba cada una de las palabras de su esposo, y lo amó por ello. Tenía razón, y aunque luchaba por aceptar que nada de lo que dijo Alec en aquella cena era verdad, lo cierto es que esa espinita vivía clavada en su corazón.
—Puedo vivir lejos que sabemos que te trasportas en segundos.
—Eres mi esposa, tú lugar está a mí lado.
—No soy como tú, solo soy una humana vinculada. No soy una guerrera, tampoco una erudita como Gabe. Soy sencillamente, un adorno.
Korvoz estaba fur