A la mañana siguiente se levantó muy temprano, estaba sola así que pensó que quizás sería sencillo retomar el sueño, pero como llevaba días madrugando, su cuerpo se había acostumbrado a esa rutina. Así que, refunfuñando, se puso sus pantuflas y café en mano, se sentó frente a la puerta de vidrio que daba al jardín.
Un poco después su supuesto hermano charlaba con ella.
Hola, querida Emily.
¿Hermano?
El mismo. Me resultas realmente interesante.
Sal de mí cabeza.
No pretendo herirte,