Cuando abrió los ojos se encontró en una habitación que no conocía, vistiendo ropas varoniles, pero muy cómodas. Estaba por preguntar lo que había sucedido cuando Gabe entró a la habitación, llevando una bandeja con comida y algunas bebidas.
—La ropa es tuya.
—Correcto, Morgana me ha hecho el favor de cambiarte, ella se encargó de sanarte, y en teoría, solo necesitas descanso.
—Gracias, me gusta tu ropa, me robaré algunas de tus camisetas para usarlas para dormir.
—Mis cosas son tuyas, toma lo