El botones golpeó con suavidad y fue cuestión de un minuto para que la puerta se abriera y el sujeto de sus fantasías se recostara en el vano. Su presencia le produjo escalofríos de expectativa. Era la imagen distendida y casual de un hombre de negocios en
reposo, la camisa semi desprendida con las mangas dobladas dejando ver sus antebrazos, un jean oscuro que se colgaba a sus caderas, descalzo.
Se atragantó y agradeció no haberse servido café, porque lo hubiera esparcido por toda la salita. Su