A pedir de boca

No se dio cuenta en qué momento amaneció, pero cuando abrió los ojos, ya los autos y el movimiento de la gente podía oírse hasta su piso. Suspiró, complacida: jamás había apreciado tanto su cama como en esos momentos y más aún después de haber estado en una cárcel. Nunca había estado en la cárcel.

Prendió el celular con mucha pereza y cuando se inició, vio que e

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