Gimió y se arqueó en el aire cuando Miguel acarició sus costados. Se sentía tan bien ser tocado, acariciado. Él quería tocar, también la sola idea le ponia ha cien. Asi que hizo un movimiento audaz y ropio la camisa de Miguel, este se deshizo de los trozos de tela, el pecho desnudo con cual habia estado soñando estaba justo encima de él.
Toda esa piel suave, combinada con una mancha de vello oscuro en la parte superior de su pecho, era increíblemente deliciosa. Valentino dio un ligero empujón