CAPÍTULO 88. NO HABRÁ VUELTA ATRÁS
Toronto, Canadá.
Dos días después.
Al descender de la SUV, Madison tomó de las manos a su esposo y caminó guiandolo, luego de llevar los ojos vendados.
—No te detengas —indicó con emotividad.
—Haré lo que digas —respondió.
—Prohibido hacer trampa —murmuró.
Alexander se dejó llevar por Madison, sus sentidos se encontraban atentos, deseando adivinar en donde estaba.
—Por lo menos de una cosa estoy seguro —dijo él.
— ¿De qué cosa? —cuestionó Madison.
—Estamos en un ascensor —afirmó—, solo tengo un