CAPÍTULO 80. NO QUIERO PERDERTE
Hanna despertó al sentir un fuerte dolor sobre su cuello, enderezó su cabeza y se dio cuenta que se había quedado dormida, sentada en la lujosa silla de cuero de su hermano recargando sus manos y cabeza sobre el escritorio.
Se enderezó y en acto dio un pequeño masaje en su cuello, para luego dirigirse hacia el apagador caminando con precaución y encender las luces.
— ¿Qué hora será? —cuestionó y se dirigió a buscar su móvil, frunció el ceño con molestia al ver que se le había acabado la pila.