Son las seis y cincuenta de la mañana y la obra ya tiene ruido.
Irina llega con el casco en la mano, los planos del bloque norte bajo el brazo y el café del camino a medias. Saluda al guardia de entrada. Firma el libro de registro. Siguen el procedimiento porque el procedimiento existe por una razón.
Y entonces lo ve.
No el traje.
El casco.
Zaid Al-Rashid, con casco amarillo de obra estándar y botas de campo, hablando con el capataz junto a los andamios del sector sur. No encorvado sobre el cap