Siete de la mañana. Piso 38
La puerta del despacho está abierta.
Él ya está.
De pie junto al escritorio. Traje oscuro. Sin chaqueta.
Primera vez que lo veo sin la armadura completa.
Camisa blanca. Mangas enrolladas hasta los antebrazos. El tipo de gesto que en cualquier otro hombre sería casual. En él es una decisión.
—Buenos días, Vargas.
No "Irina". No "ingeniera".
Vargas.
—Buenos días.
Entro. La puerta se queda abierta detrás de mí. Él no la cierra. Tampoco yo.
Señala la silla frente al escritorio.
Me siento.
Él se sie